viernes, 24 de enero de 2020

País vergonzante


Por Héctor A. Otero

A veces se deja uno confundir con expresiones de verdadero valor y decisión de nuestro pueblo, y llegamos a emocionarnos pensando que la sumisión y el conformismo están empezando a desaparecer.  Pero después de unos días de euforia, se despejan las apariencias y descubrimos un pueblo asustadizo, conformista y cobarde.  Las protestas, movilizaciones y expresiones de inconformismo se debilitan y la necesidad de volver a la rutina, a resolver el problema primario de la alimentación y el pago de las cuentas, se vuelve la razón de vivir.  De lado quedan la indignación frente a la pena de muerte que recorre el país, sin juicios ni avisos previos, caen líderes sociales y guerrilleros desmovilizados, jueces y académicos, periodistas y reclamantes de tierras.
Tampoco importa que las autoridades se burlen de las demandas populares legislando con amaños en el congreso y emitiendo normas que favorecen los intereses de los empresarios cercanos al gobierno y afectan el bolsillo de las mayorías.  Las fuentes de financiación del gobierno, se convirtieron en una solo para garantizar que los proyectos que obtengan recursos no sean los pequeños o medianos (que dispersarían los recursos en pequeñeces), sino los que representan los intereses de los grandes inversionistas y las multinacionales, que vienen a hacer su agosto, con proyectos inflados en presupuesto y técnicamente incompletos.
La corrupción galopante tampoco encuentra trabas, y por el contrario, a los parlamentarios a quienes se les han demostrado delitos, son protegidos por normas cada vez más generosas, casa por cárcel, centros recreacionales como prisión alternativa (jaulas de oro) y muchos otros beneficios, y la gente acepta este tipo de tratos. Muchos funcionarios que han recibido dádivas de los contratistas o firmado contratos con multinacionales que han incumplido sus obligaciones (Odebrecht) son tratados con consideración y respeto (A. F. Arias a. Uribito).  Debemos pagar la mala administración de las empresas de la Costa Atlántica todos los colombianos, cuando se debería llamar a responder a las empresas españolas, que malversaron los recursos de Electricaribe.
Cientos de elefantes blancos (obras sin terminar) por todo el país, como monumentos al despilfarro, la ineptitud y el descaro de los funcionarios de todos los niveles, se nos cruzan en el camino a la escuela, al trabajo o a la universidad, y preferimos ignorar lo que sucede, ya que no se puede hacer nada.  Justo lo que los corruptos quieren que pensemos, justo lo que nos debía llevar a actuar, justo lo que va seguir sucediendo si no hacemos algo.
Mientras el 70% de la población en edad de trabajar no tiene trabajo fijo, ni prestaciones, ni seguridad social, ni vivienda digna, los legisladores elevan sus salarios y los de los funcionarios de alto rango, a niveles que son 33 veces lo que gana el trabajador promedio. Tienen pasajes aéreos gratis, les pagan el celular, la gasolina de los carros,  les asignan vehículos para su transporte y hasta el de la familia, además de los escoltas.  Tienen empleados pagados por el Estado para que trabajen para ellos, oficinas dotadas y recursos para el desempeño de su labor.  Mientras tanto a los trabajadores que son contratados por orden de servicios, les toca pagar la seguridad social antes de recibir un centavo por su trabajo y deben esperar a que les paguen cuando el contratante tenga tiempo de firmar los papeles.
Como si esto fuera poco, la justicia, en la que quizá podría existir una esperanza, para que se equilibren las cargas, encontramos carteles y mafias que se encargan de demorar los trámites, de negociar las sentencias y evadir las sanciones para los grandes delincuentes.  Las fuerzas de los carteles de la justicia han llegado a tal punto, que han dejado a la Corte Suprema de Justicia al borde de la inacción, pues los intereses de las diferentes fuerzas no permiten llegar a arreglos viables que permitan el funcionamiento de la Fiscalía y del propio alto tribunal.  El sentido de servicio a la patria, está muy por debajo de los intereses individuales y de grupo. Por ahora la justicia está enredada en sus propios líos mientras el país sufre de uno de sus peores momentos en materia de inseguridad, delincuencia y desprotección al ciudadano.
Estos son solo algunas de las razones por las que habría de salir de nuevo a la calle, y pensar en la necesidad de construir un movimiento nuevo, que supere las mediocres vanguardias que hasta ahora se han constituido con un horizonte electorero y mediador.  Se requiere un cambio en especial en las estructuras de poder.  Ni el legislativo está cumpliendo su tarea a conciencia, ni el judicial tiene elementos para aplicar justicia, y el ejecutivo, que pena, pero da risa.

martes, 17 de diciembre de 2019

Modernidad líquida y explosión del descontento

Por Héctor A. Otero

Nuevas escuelas de pensamiento están tratando de interpretar el contexto en el que se desarrollan las manifestaciones de inconformidad que se registran, tanto en América Latina, como en Francia, Hong Kong y otros lugares del mundo. Todavía no existe una tendencia predominante, lo cual nos coloca en la obligación de explorar diferentes analistas, para buscar las mejores explicaciones para el despertar de sociedades enteras y entender hacia dónde se dirigen estos levantamientos populares.
El caso de Zygmunt Bauman, un sociólogo polaco y profesor de la universidad de Leeds (Inglaterra), es uno de los más interesantes enfoques para aproximarse a la forma como las sociedades se desarrollan en la actualidad.  La base de todo su trabajo es el concepto de “Modernidad Líquida”, que separa el periodo del capitalismo en dos etapas de características opuestas y bien definidas.  La primera etapa del capitalismo, en la que se construyeron las grandes industrias e instalaciones de producción en masa, es denominada por Bauman la “modernidad sólida”, debido a que durante su construcción, esta etapa del capitalismo, requirió de la capacitación masiva de operarios, la construcción de fábricas de sólidas estructuras, la fidelización de los trabajadores con las empresas que los habían calificado y que requerían de su mano de obra para poder funcionar.  La producción en masa creó instituciones sólidas que buscaban perdurar, y a la vez los trabajadores esperaban especializarse y tener toda una vida de trabajo en ellas, que les habían dado la oportunidad de trabajo, capacitación y ascenso.
Las relaciones familiares igualmente  se caracterizaban por hogares con una fuerte estabilidad, que más que novedad esperaban estabilidad, casa propia, facilidad en las labores domésticas y un entorno local inalterado, alrededor de la iglesia, los colegios, los deportes y las actividades culturales locales.  Este entorno, por lo general, le daba a la familia seguridad y era un referente de origen para los individuos así formados. La fuente de la información y el conocimiento eran las escuelas y los campus universitarios, que eran a la vez instituciones y edificaciones formales e imponentes.
El Estado, que había sido encargado por las clases dirigentes de generalizar la educación básica, de crear un sistema de salud para los trabajadores, y de estructurar una estrategia para garantizar las pensiones de  empleados en uso de buen retiro, construyó enormes entidades que debían responder por aquellas tareas necesarias para el desarrollo industrial y comercial.  Existían agencias, que recibían los ahorros de los trabajadores, con el fin de crear fondos para financiar las pensiones  y para impulsar los proyectos nuevos industriales y agrícolas. Esas instituciones recogían los pequeños aportes de los pobres, para crear fondos que administraban los políticos y burócratas profesionales, y ahí fue que se desató el desorden.  Las bien intencionadas medidas adoptadas por el Estado para compensar la desigualdad de ingresos entre empresarios y trabajadores de base, fueron modificadas y adaptadas para que los funcionarios pudieran llevarse una buena partida, después de administrar los fondos: la corrupción era la verdadera beneficiaria del manejo de esos inmensos recursos obtenidos del ahorro de miles de trabajadores en todo el país.
Los fondos de pensiones terminaron desfinanciados, las instituciones de la salud terminaron quebradas, las agencias que construían vivienda fueron estafadas y los recursos que debían servir para entregar las viviendas a los pobres terminaron en los bolsillos de los contratistas, por lo general amigos y financiadores de las campañas de los políticos.
Este cuadro de una sociedad asaltada por individuos que ponen en primer plano su propio interés y no el de los colectivos, comenzó en los años ochenta del siglo pasado a ser glorificado por teóricos económicos que consideraban que la iniciativa individual, era el principio básico de una sociedad en crecimiento.  Los colectivos, asociaciones, acciones comunales y todo tipo de grupos que defendían intereses de grupos y comunidades empezaron a ser denigrados y acusados de distorsionar lo que de manera natural sucedía en los mercados.
Las empresas estatales fueron declaradas ineficientes e incapaces de cumplir los propósitos para los que habían sido diseñadas y se propuso la privatización de todas esas actividades, y en algunos casos sencillamente eliminarlas, sobre la base de que cada individuo debía decidir su propia suerte, y que el Estado no debía sustituir la voluntad de los ciudadanos.
Aparejado con esto, se registró un gran salto tecnológico: el uso de computadores personales y de procesos robotizados empezó a generalizarse en las empresas, y la demanda de mano de obra se redujo  de manera evidente.  Las grandes masas de obreros asalariados fueron sustituidas por ingenieros y supervisores, que administraban maquinaria automatizada y grandes centros industriales. La industria automotriz y muchas otras que habían sido el eje de del proceso industrial desparecieron como tales, sustituidas por galpones que podían albergar cientos de procesos automatizados, con muchos menos trabajadores. Adicionalmente, los mercados internacionales se integraron con mayor fuerza y muchos productos que se producían localmente pasaron a ser importados.
 La movilidad de la mano de obra aumento de forma dramática, muchos trabajadores fueron licenciados y con sus liquidaciones iniciaron pequeñas microempresas, otros menos afortunados no tuvieron capital suficiente y empezaron a deambular buscando trabajo.  Las familias debieron apretarse el cinturón para poder vivir con ingresos menores a los que habían tenido, el tamaño de unidades familiares disminuyó, muchas se resquebrajaron frente a la crisis y la inestabilidad de la nueva situación.  El aumento de las madres cabeza de familia fue notorio y la edad de ingreso al mercado laboral se redujo.
La ausencia de trabajo formal, obligó a muchas personas a rebuscarse, y en ese proceso las mafias del narcotráfico, la trata de personas y de armas y los grupos ilegales encontraron oportunidades para encontrar nuevos militantes, que sin otras oportunidades, caían fácilmente en manos de la delincuencia.  Los trabajos informales apenas daban para sobrevivir y la competencia en la calle se convirtió en una guerra salvaje.
El sector financiero, entre tanto, encontró en este nuevo tsunami económico una oportunidad para desarrollar nuevos modelos para explotar las necesidades de la gente y apoderarse del escaso patrimonio que aún tenían las familias. A pesar de que la capacidad de pago de los hogares había disminuido, se dieron mañas para diseñar instrumentos financieros que permitían a los intermediarios financieros ofrecer crédito con base en hipotecas sobre sus viviendas, por cifras mucho mayores a su capacidad de pago.  El resultado fue que muchas de esas viviendas fueron rematadas y los antiguos propietarios fueron puestos de patitas en la calle
Los individuos en este nuevo entorno han perdido su trabajo, su vinculación a las empresas, sus viviendas y hasta sus familias. El sujeto estaba ahora solo, y a pesar del progreso técnico, de la diversidad de frentes de trabajo y de las facilidades que representaba la tecnología, cada vez estaba más inseguro, vivía con mayor incertidumbre y los rodeaban innumerables riesgos.
En efecto, la seguridad que daban la relación de trabajo y un ingreso regular, habían desaparecido, la familia que proveía refugio ya no estaba o se había debilitado, las prestaciones sociales que antes garantizaban salud y pensión ya no eran seguras, pues dependían de la capacidad de conseguir un empleo formal.  El pan de cada día era ahora la incertidumbre: ¿conseguiré trabajo? ¿Cuánto me durará? ¿Seré capaz de completar las semanas obligatorias para la pensión? ¿Podré pagar la hipoteca?
Los riesgos para la salud y la vida también habían aumentado: las enfermedades epidémicas, las infecciones, la contaminación de los alimentos, la calidad de las aguas y muchos otras afecciones se vuelven corrientes.  No menos importantes son los cambios globales, como el cambio climático o la destrucción de la capa de ozono, que se convierten en cada vez más serias preocupaciones y peligros inminentes.
Este contexto da paso a la modernidad líquida, aquella que se nos escapa entre los dedos.  Las certezas que se tenían antes desaparecen, y el individuo debe buscar refugio en comunidades homogéneas en las que se siente a la vez protegido y reflejado.  Estos grupos están compuestos de seres que tienen una historia y un enfoque de la vida similar al de las personas que busca refugio, y con estos congéneres empiezan a buscar barreras contra el diferente, el que no encaja en el enfoque que el grupo da por sentado.
La forma como se empiezan a relacionar los diferentes agentes sociales a estas alturas ha cambiado notablemente: las innovaciones en comunicaciones y los tiempos de desplazamiento juegan un papel importante en el cambio de mentalidad.  Bauman habla de la “compresión del tiempo y el espacio”: mientras al “otro” se le mantiene lejos, la realidad cada vez es más próxima, los sucesos de Hong Kong aparecen en as redes sociales en tiempo real, los levantamientos en Chile nos tocan de cerca.  El espacio entre los frentes de la realidad que se destacan se comprimen y podemos tener información actualizada siempre a mano.  Pero a la vez que tenemos la ventaja de la información, otros aprovechan esta misma tecnología para informarse acerca de productos, mercados y servicios a nivel global.  Estos, con un solo click pueden hacer órdenes de compra que se activan literalmente al otro lado del mundo (Wish, Amazon, Alibaba), los capitales se tornan más volátiles e inversiones en Asia pueden ser trasladadas rápidamente a otros lugares en los que la rentabilidad se presenta más conveniente.  Esa volatilidad genera a su vez nuevas incertidumbres. Cualquier click de esos puede dejar en la calle a numerosos trabajadores de a pie.  Cada vez los inversionistas están más lejos de los centros de producción, lo que hace que la mayoría de los propietarios sean ausentistas, la relación del capitalista con la localidad y con las personas que laboran en esas unidades productivas es más lejana.
En este punto el hombre es libre como nunca antes, libre de ataduras y lazos que lo limitan, ya no tiene relación con su tierra de origen, ni con su familia, ni con su formación, ni con su religión, ni con su raza, no está atado a nada, pero a la vez no tiene nada.  Su única opción es “someterse a la sociedad y seguir sus reglas”
El individuo ha dejado de ser un “homo economicus” para ser un ente consumista, la verdadera satisfacción de los hombres modernos se encuentra en adquirir, comprar, poseer productos que socialmente son deseables, no tanto por su utilidad como por su vigencia como objetos de prestigio y deseo.  Pero la dicha dura poco, tan pronto llega el comprador a casa y prende el televisor encuentra que ese producto que adquirió ya tiene un modelo más nuevo.
En la Modernidad Líquida, como vemos, todo es pasajero, fugaz, temporal e incontrolable: los trabajadores, en esta etapa del desarrollo, ni quieren durar mucho tiempo en un trabajo, ni lo lograrán si así se lo proponen, las relaciones también son poco duraderas, la búsqueda de nuevos paradigmas es permanente. Lo que nos obliga a pensar en nuevas formas de afrontar una realidad cambiante y vertiginosa.  La educación para la Modernidad Liquida no puede ser igual a la que recibieron los trabajadores que en masa abarrotaban las líneas de producción.  Hoy necesitamos una educación que le permita al individuo adaptarse a los sucesivos cambios, una educación continua, que desarrolle capacidades y habilidades que se ajusten a sus intereses y propósito, de un lado, y a las condiciones específicas de las demandas por trabajo. Debe también dotar a los estudiantes con capacidades analíticas que ayuden a diferenciar la información útil y verdadera de falsa y de la basura que se encuentra en los medios de información y en las redes.
De acuerdo con estas características el trabajo debería organizarse de forma similar, la pretensión de contar con un “trabajo para toda la vida”, perdió vigencia.  La movilidad laboral debe ser una regla, que no debe ser aprovechada para afectar los ingresos de los trabajadores.  El respeto por la libertad de escoger cuando y donde trabaja o se prepara el trabajador, debe ser una condición para diseñar mecanismos de empleo y programas de capacitación alternados, que faciliten el acceso y el retiro temporal del trabajador.  En la medida en que el desempleo friccional se reduzca se garantizará el pago continuo de los aportes a salud y pensiones, sin limitar la voluntad de desarrollo personal de los operarios.
La oferta y demanda de trabajo no deben ser dejadas al mercado, que ha probado que tiene muy poca capacidad de reflejar las vocaciones de los trabajadores y las necesidades de la sociedad.  Los ajustes deben empezar por un censo de la formación profesional que refleje los campos de trabajo preferidos, así como la ubicación de tal personal capacitado.  A partir de esa información se pueden organizar centros de trabajo complementario, en los que se aprovechen sinergias de las diferentes capacidades laborales de los interesados en participar en estos centros de capacitación y desarrollo de proyectos.
El sistema de pensiones también debería cambiar su espíritu y en lugar de tratar de mantener los niveles de ingreso de los trabajadores durante su periodo laboral, debería encontrar un promedio que se encuentre por encima del costo de la canasta familiar, sin incluir atención médica, para que a cada pensionado se le garantice un ingreso digno.  El componente de salud para pensionados debería ser parte de la atención general gratuita para todos, con especiales condiciones de acceso físico y atención preferencial.  No más a las megapensiones (incluidas las de altos funcionarios del Estado).
Muchos otros aspectos de la vida cotidiana han cambiado de forma similar y sin embargo no existe asomo de que los legisladores estén pensando en cambiar el “status quo”. El gobierno debe gobernar para el presente y no para la historia.

martes, 26 de noviembre de 2019

Dejen jugar a Colombia



Por Héctor A. Otero

La mayor convocatoria al 21N, la realizaron el gobierno y sus aliados, al pretender asustar a la gente con una manifestación violenta y caótica.  Los jóvenes que, como dicen ellos mismos, “habían ya perdido el miedo”, se decidieron a demostrar que no se iban a dejar impresionar por el terrorismo de las autoridades oficiales y los partidos que defienden al gobierno.  En una actitud valerosa e independiente, quienes han visto el desprecio del gobierno Duque por todo lo que no sea “auténticamente uribista”, se decidieron a decir, que esa gran manipulación a las mayorías, no podía continuar.  El problema no era poner de acuerdo a la gente en “porqué marchar”, sino dejar a un lado la cantidad de aspectos de la política que este gobierno había tratado a las patadas. En efecto, desde el show de la frontera y el “final de la era Maduro”, pasando por el irrespeto a los compromisos adquiridos con el proceso de paz y la incapacidad para proteger la vida de líderes sociales e indígenas, todas la actividades que encabezó el presidente Duque dejaban un sin sabor y un evidente desencanto.
La recepción de miles de hermanos venezolanos, por las autoridades colombianas, sin ser capaces de diseñar una estrategia de absorción de esa masa humana, con proyectos que correspondieran a sus necesidades y capacidades de trabajo y conocimiento, el incumplimiento de los acuerdos con los estudiantes en materia de educación, que deberían buscar la  mejora del capital humano y el potencial de trabajo de las nuevas generaciones, así como la crisis de la salud, que llevó a miles de colombianos a quedar desamparados, en materia de atención médica y servicios de salud básicos, son pasivos en la cuenta de gestión del gobierno de Uribe II.
Los colombianos, que no contamos con recomendación de los amigos de Uribe, no tenemos opciones de trabajo en el gobierno, mientras los empleos ofrecidos por el sector privado no se incrementan para satisfacer la oferta de trabajo creciente.  Quienes tampoco tienen aval político difícilmente obtienen becas, créditos o acceso a la educación, y encima reciben las burlas, de quienes desde las sillas del Congreso, les gritan que “no sean vagos”. La administración pública no es diversa, no logra compartir con quienes no reverencian al “faro iluminador” y es incapaz de  mirar más que hacia dentro (introspección), lo que los rodea es para ellos irrelevante (no saben dónde están parados).
Quienes participaron en esta gran manifestación, sabían muy bien por que protestaban, tal vez con énfasis diversos, pero todos tenían algo en común, la gestión de Duque y sus compañeros de la escuela de pensamiento uribista, ha sido sectaria, carente de objetivos comunes a la sociedad, utilitarista, cortoplacista y en extremo egoísta.  El gobierno de un país debe tener objetivos elevados y valiosos para sus ciudadanos, pero en lo que ha mostrado Duque no se encuentra nada que haga sentir a los colombianos orgullosos de quienes gobiernan los destinos de esta nación.
Somos 45 millones, mal contados, de colombianos, que ven como los dineros de la alimentación escolar se pierde en contratos amarrados a castas regionales, que todos los días vemos nuestro  patrimonio asaltado, tanto en las calles, como por instituciones oficiales y bancarias, que se apoderan del escaso ahorro que alcanza a lograr el trabajador, y además nos dicen, que Colpensiones desaparecerá, con lo que se pondrán en riesgo las pensiones de los pocos ciudadanos que hoy reciben un precario ingreso después de trabajar toda su vida.
Este país debe ser de todos, no solo de los que votaron por el NO o por Duque, debe haber país también para los más de 30 millones que no votaron o no pudieron votar.  Por eso, lo que comenzó el 21N, solo debe cesar cuando podamos volver a sacar la cara por lo que este país es capaz de hacer, pero que en la actualidad está impedido de desarrollar, porque  no lo dejan.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Escuelas de matones


Quienes se alegraron de ver las salas de atención a heridos del ejército y la policía con baja ocupación, están volviendo de un sueño que fue solo un leve respiro para las madres de los jóvenes soldados y policías.  De nuevo el país se muestra en su verdad más pura, un territorio cruzado por grupos armados de los más variados colores. Bandas de delincuentes que continúan sembrando miedo en los campos y terror en los políticos locales y líderes sociales, grupos guerrilleros en busca de fuentes de financiación para su guerra armada, paramilitares que aprovechan el caos para liquidar a quienes suponen ser sus enemigos, sin entender bien los mensajes de reconciliación que envían sus víctimas, ejércitos de sicarios y promotores de los cultivos ilícitos que se apoderan de regiones enteras para organizar la producción, comercialización y exportación de narcóticos, delincuentes comunes que se disfrazan de actores violentos para pescar en rio revuelto y beneficiarse de extorsiones y chantajes.

Una guerra multipolar en la que las víctimas mueren sin tener seguridad acerca de quién fue el que disparó el proyectil que acabó con sus vidas.  Esta guerra que estimula el deterioro moral y la autodefensa de las comunidades, propicia la familiaridad de los jóvenes con las armas y las estrategias armadas.  Son muchos los que piensan que su oportunidad, en un marco de pobreza y marginación, se encuentra en integrar los grupos armados en los que se pueden transformar de individuos aislados y despreciados, en elementos de estructuras armadas que los elevan a de su condición original a la de determinantes de su futuro.

La violencia presente en los hogares, en la escuela, en los parques y vías de los barrios, es excelente caldo de cultivo para que los jóvenes se formen en el abuso de los débiles, las mujeres, los ancianos, los niños, los más frágiles. El respeto por el otro no existe, la mujer es tan solo un instrumento para satisfacer deseos animales, los niños son atemorizados, despojados de su dignidad, vandalizados y utilizados para mostrar lo que le espera a sus compañeros si los niños los enfrentan.  Este ambiente sórdido y maligno, es en el que se levantan nuestros hijos, que  deben optar por sumarse a los victimarios o ser víctimas indefensas, a las que nadie apoya ni coloca en su legítimo lugar.  Mientras el sistema educativo no empiece a abordar los temas de valores, ética, respeto, cooperación, solidaridad, la sociedad colombiana seguirá reportando comportamientos perversos como son los de las bandas armadas ilegales que azotan al país.

Comportamientos antisociales, arbitrarios y malintencionados como los que muestran los dirigentes de las FARC, de los grupos paramilitares, del Centro Democrático y otros partidos políticos, los pastores de las iglesias evangélicas, los partidos de izquierda, los pedófilos de las diferentes iglesias, los burócratas del gobierno y los empresarios que chantajean a los jóvenes para contratarlos.

Por ahora lo que tenemos son escuelas de matones, estructuras en las que los vivos se aprovechan de los ingenuos, en los que la solidaridad se sustituye por una competencia desleal y violenta, el respeto solo lo inspiran los ricos y poderosos, pero el muchacho honesto, diligente, trabajador y decente es manipulado y convertido en rey de burlas de quienes desprecian el esfuerzo personal, pues han encontrado los atajos para conseguir lo que quieren a través del engaño, la mentira, el oportunismo y la trampa rastrera.

De uno y otro lado tenemos líderes que manipulan la información y alteran los procedimientos para beneficiarse del poder que ostentan.  Mientras la ciudadanía no se rebele contra este estilo de manipulación y desinformación, seguiremos dominados por el 60% de los votantes que no quieren perdón, ni reconciliación ni recuperación del tejido social y seguiremos enterrando a nuestros vecinos, familiares y compañeros de trabajo.

martes, 20 de agosto de 2019

La guerra contra Huawei y el futuro de la economía

Por Héctor A. Otero

La saña que muestra Trump contra Huawei, denota solo la incapacidad tecnológica del monstruo que pretende dirigir la economía y la política mundial. Los Estados Unidos de América, que en muy corto tiempo, y aprovechando los conflictos mundiales y la guerra fría, se convirtieron en lideres del capitalismo mundial, hoy sufren ante la agresividad de una economía China, que cada vez es mas ambiciosa y capaz de ocupar espacios que los nortemericanos despreciaron. Sin ir muy lejos América Latina, que fue considerado el patio trasero del gran centro finaciero que gobierna Wall Street, está siendo cooptada por las multinacionales chinas que utilizando esquemas organizativos modernos y eficientes compra productos, tierras, empresas, que le permiten ampliar su influencia en las regiones y obtener materias primas, alimentos y energía.
No es solo Huawei la que amenaza la capacidad competitiva norteamericana, sino son también poderosas empresas, algunas conocidas en Occidente y otras que operan en mercados especializados y locales. Dos grandes empresas petroleras, una de generación eléctrica y muchas otras de menor capital, pero que ya empiezan a conquistar mercados europeos, africanos y suramericanos como Xiaomi, Haier, Lenovo, Alibaba, TCL y otras, están entre las multinacionales chinas mas importantes. Ya es usual que en los anuncios de partidos de futbol de las grandes ligas aparezcan no solo propaganda de productos y empresas chinos, sino anuncios con caractéres orientales. La penetración de los mercados es un componente, pero también esta interesado el gobierno chino, en faciltar el acceso físico a mercados y por lo tanto constuye la nueva “Ruta de la Seda”, ya no en camellos y caballos sino a través de una conexión de ferrocarril que va desde el centro de China hasta Turquía.
La soberbia de una América del Norte que “quiere ser grande de nuevo”, no muestra la capacidad para competir en innovación y desarrollo tecnológico a la potencia de Oriente. La barreras arancelarias antes que estimular la competencia y el ingenio de los productores les permite mantenerse en los mercados, invirtiendo lo menos posible en investigación y desarrollo de tecnologías y productos. Eso nos lo enseñaron cuando nos hicieron eliminar la protección. Ahora la medida que trata de mantener alejados los productos chinos lo que permitirá es que los precios al interior de los Estados Unidos suban y se estimule el comercio con otros paises de la región que tienen inversiones de las multinacionales chinas y que gracias a los nuevos métodos de trabajo, copiados a las empresas capitalistas,podrán triangular las ventas de productos e insumos.
Es necesario reconocer también, que los esquemas financieros retorsidos que ha adoptado China, ofrecen peligrosos senderos para sus empresas. Las multinacionales se encuentran endeudadas y sus esquemas finacieros actuales no son muy sólidos. Sin embargo el gobierno del Partido Comunista China tiene inversiones importantes en muchos de los países capitalistas de Occidente y podría encontrar mecanismos para respaldar sus empresas, pero ocasionando graves lesiones a la economía mundial.
Las medidas que ambas potencias están implementando, sin realizar un análisis de causas y efectos, sino gobernadas por un espiritu pendenciero y retaliatorio, le darán un nuevo marco a la economía mundial, pero en la medida en que, ni los unos ni los otros, tienen objetivos claros de mediano y largo plazo, el resultado podría ser caótico y tumultuoso. Muchas de las empresas que tenían esquemas comerciales sostenidos en una economía de flujos de financiación conocidos, confiables y accesibles, encontrarán dificultades de financiación y de aprovisionamiento de productos y meterias primas. Quienes puedan adaptarse en el corto plazo sobreviviran, pero en unos mercados financieros poco transparentes y en unos mercados distorsionados y dependientes de las decisiones arbitrarias de gobiernos populistas y sin claras metas de política, serán muy pocos los que puedan pescar en rio revuelto. La mayor parte de las embarcaciones se irán a pique.y no habrá entonces recurso de recate que pueda ofrecer la banca. Estaremos en una profunda y durardera crisis.

domingo, 20 de enero de 2019

Unidad a la fuerza



Una de las características de los gobiernos de derecha, es buscar la unidad de la nación alrededor de objetivos que  distraigan la atención de la gente acerca de sus verdaderos problemas de la ciudadanía, para meterlos en un dilema que enfrente aparentes enemigos de la nación y justifique la violencia y la persecución de quienes critican las estrategias de gobierno.
Un ejemplo claro es el de Iván Duque, que empieza su gobierno atacando a Venezuela y a los campesinos cultivadores de coca.  En el propio escenario de Naciones Unidas su preocupación fue por Venezuela y el problema de la fumigación de áreas en cultivos ilícitos.  Poco se refirió en esos primeros días a una estrategia para combatir las barreras estructurales que limitan el desarrollo, la iniciativa y la creatividad de los colombianos, o para combatir la corrupción, que hace que la inversión se diluya en las manos de los políticos y los burócratas. Ni se diga de plantear alguna idea acerca de como erradicar la violencia y acabar con los asesinatos selectivos y la persecución a los lideres sociales. Su incapacidad para crear un frente político amplio se manifiesta en la inconformidad de sus propios socios de gobierno (entre otros los conservadores), que reclaman que no son consideradas sus propuestas de gobierno y menos aún son nombrados en cargos públicos sus mas destacados profesionales.  Por el contrario, sus nombramientos se imponen a la brava, acomodando hojas de vida y aceptando documentación sin reconocimiento oficial (caso de la Agencia de Desarrollo Rural).
Ahora para cerrar toda opción a negociaciones de paz se registra un atentado contra las propias instituciones, en este caso la Policía Nacional, en el cuerpo de sus más jóvenes e inocentes miembros, en el día que los estudiantes querían manifestar su inconformismo con los métodos y prácticas del ESMAD, organización adscrita a la Policía.  Este tipo de eventos violentos se antojan similares al incendio del Reichstag (Parlamento Alemán) en la Alemania pre-nazi, que se atribuyó inicialmente a un comunista holandés y derivó en una cacería de brujas contra la izquierda alemana.
En este momento el llamado de las fuerzas mas oscuras de Colombia a rodear al gobierno contra la guerrilla, resulta ser un conveniente paraguas para la persecución de la oposición al gobierno y a los líderes comunitarios que son vistos como enemigos cuando denuncian arbitrariedades, corrupción o falta de atención del Estado.  Lo que viene de acuerdo con la experiencia alemana, pero también la colombiana, que bajo el gobierno de Turbay vivió una época de represión, arbitrariedad y violencia contra las organizaciones populares, es un periodo oscuro en que las detenciones, las desapariciones y hasta ejecuciones extrajudiciales estarán a la orden del día.
Lo mas probable es que más adelante, como sucedió en Alemania, que se reconoció a los propios miembros del partido nazi como los autores del incendio de Reichstag, se descubra a los agentes de los grupos de derecha o a los propios organismos del Estado como autores intelectuales de la matanza de jóvenes e la Escuela General Santander.  La historia se repite y los colombianos que saben tanta historia como el presidente, no aprenden.
Tal como el pueblo alemán rodeo a Hitler contra los enemigos de la nación, hoy Uribe, Duque y las fuerzas que se duelen de una paz que apenas se estaba aclimatando, piden ser rodeados y respaldados para iniciar una nueva cruzada de horror contra todas las manifestaciones de oposición al gobierno e inclusive en contra de las pequeñas formas de protesta local, las organizaciones de base y los líderes comunales.  Antes que rodear al gobierno, conviene rodear a los que serán en el futuro las víctimas, que serán acusadas de terroristas, guerrilleros y apátridas.
La unidad no debe darse por razones emotivas, sino en la medida en que los objetivos que se persiguen sean los que interpretan el sentir de las mayorías.  La unidad conseguida a la fuerza, de manera oportunista y artera, no lleva sino a darle fuerza a las oscuras necesidades de respaldo de un gobierno, que no ha mostrado hasta el momento capacidad para dirigir al país por senderos de progreso justicia y paz.  La unidad debe darse en torno a planes que beneficien a las comunidades, que protejan a nuestros líderes, que mejoren la calidad de los servicios sociales (en especial salud y educación) y conduzcan a eficiencia y responsabilidad en la inversión pública. Convirtamos esta ocasión en una oportunidad de rodear a quienes de verdad nos representan: nuestros líderes sociales.

lunes, 29 de octubre de 2018

La Noche de los cristales y la sinagoga de Pittsburgh




Por Héctor A. Otero

El próximo 9 de noviembre se cumplen ochenta años de la arbitraria acción violenta de las SA de Hitler contra la comunidad judía, asonada que pretendió ser espontanea, pero que buscaba, en realidad, mostrar a un sector de la población como el causante de todos los males de la sociedad alemana.  La propaganda nazi, con el fin de fortalecerse políticamente recurrió al mecanismo de identificar a un grupo social con los problemas generales del país, para unificar a la nación y poder a través del engaño y la manipulación llevar a las masas a aceptar los vejaciones, maltratos y posterior aniquilación de sus enemigos políticos.

El mundo ignoró estas señales de lo que significaba esa violencia arbitraria y sectaria, así como las acciones de discriminación y estigmatización, lo que permitió a las huestes nazis escalar en su actividad hasta convertirla en algo corriente y cotidiano en la sociedad alemana de la época.  La aceptación de esa actividad llevó, con el tiempo a una de las peores experiencias de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial, que afectó a millones de familias, con la pérdida de seres queridos en un enfrentamiento irracional y salvaje.

La acción de un terrorista en Pittsburgh contra una sinagoga, en los pasados días, pretende presentarse como un acto aislado, llevado a cabo por un demente, despreciable, fanático y excepcional actor individual, que no debe entenderse como una tendencia o ejemplo para otros individuos de la misma orientación política.  La verdad es que, revisando la experiencia norteamericana de atentados y masacres colectivas, este evento no puede ser minimizado ni sus consecuencias subestimadas.  La fanfarria que promulga como causantes de todos los males a los inmigrantes y la histérica consigna de “Hacer a América Grande de Nuevo”, son marcos mas que propicios para nuevos actos de violencia como el de Pittsburgh.

Para muchos esta consideración puede ser una exageración (son solo 11 muertos, en Alemania fueron según estimaciones 91), pero es preferible estar prevenido, que después ver a los violentos apoderarse de las calles y tratar a los contrarios de manera agresiva.  La aceptación de las cosas que se van volviendo corrientes, terminan por imponerse, y la costumbre va legitimando actos que en un momento pudieron ser considerados despreciables.  La gente termina por acostumbrarse a ver ciertas noticias acerca del aumento en la violencia, discriminación o arbitrariedad.

La mayoría de los movimientos de extrema derecha buscan enemigos fáciles de identificar, a los que se pueda culpar de los males que la sociedad padece.  Los judíos fueron en la Alemania nazi, los europeos para la Inglaterra de Theresa May, los inmigrantes para los EEUU de Trump y seguramente los negros en el Brasil de Bolsonaro.

Colombia no está aislada y las tendencias mundiales también se van apuntalando en nuestro país: la insistencia de Duque en convertir a Maduro en un enemigo de su gobierno, y a quienes no se someten a los designios de su política en justificadas víctimas de la “mano dura”, va conformando un sustrato para justificar agresiones y arbitrariedades.  Las desatendidas exigencias de los líderes sociales para que se respeten sus actividades y sus vidas, dan cuenta de que hasta el momento para el nuevo gobierno en la Casa de Nariño, no le preocupa lo que sucede en la periferia del país.  Por el contrario, se busca enfrentar a indígenas contra sus similares, aislar a las organizaciones sociales, desconocer los líderes y las asociaciones de campesinos, violar los acuerdos de erradicación y sustitución de cultivos, para optar por soluciones que radicalicen y propicien los enfrentamientos entre autoridades y la comunidad.  Esto si que es jugar con fuego.  Este escenario recuerda los movimientos de campesinos en el sur del Meta y el Guaviare en el año 1997, en los que las comunidades abandonadas del Estado recurrieron al cultivo de la coca, como una opción viable de sobrevivencia en medio del abandono.  Las manifestaciones en contra de la fumigación se generalizaron y la única forma de detenerlas fue con una masacre: Mapiripán.

Confiemos en que ni en Norte América ni en Colombia se desconozcan las experiencias terribles del pasado reciente.  Es imprescindible y obligatoria la vigilancia sobre estos hechos, que pueden llevar al país a repetir una experiencia desastrosa.

lunes, 31 de octubre de 2016

Víctimas para arriba y para abajo


Por Héctor Alfonso Otero Moreno
La demagogia alrededor de las víctimas del conflicto, va de manera gradual saturando a la población y dejando atrás un mal sabor, que saca a relucir la falta de interés de los políticos de todas las orientaciones y los funcionarios del gobierno por reconstruir y darle una nueva cara al país.  Los gestos de contrición verdadera y de perdón efectivo, salen a relucir a cada paso y la intransigencia sigue siendo la moneda de cambio de las discusiones acerca del Acuerdo de Paz.
¿Por qué no decir la verdad acerca de las posibilidades de reconstitución del tejido social?  La tarea es descomunal y en ningún caso depende solo de desarrollar el campo o de abrirle posibilidades de participación a nuevos sectores políticos (que lo más probable es que terminen actuando exactamente como los actuales “padres de la patria”).  Es un cambio sustancial en la forma de trabajar la cotidianeidad en un mundo globalizado.  Se dice fácil, pero la verdad es muy complejo.  ¿Cuál será el papel de las comunidades locales, de las organizaciones populares y de los grupos de productores dispersos?  De acuerdo con los acuerdos las organizaciones comunitarias y la economía solidaria deben privilegiarse, el Consejero para el posconflicto ha afirmado que las juntas comunales jugarán un papel primordial en la reconstrucción de las economías locales.  Sin embargo, después de un prolongado conflicto que sembró desconfianza en todas las organizaciones comunitarias  que no estuvieran dominadas por los combatientes, y convirtió en agentes de guerra a las que se identificaron con ellos, la situación de las organizaciones populares es muy precaria en el país.
¿Seguiremos con una política de víctimas que promueve más la mendicidad que la autogestión? La opción para quienes han pasado por el sufrimiento de la pérdida de sus seres queridos, de tener que recoger sus pocos trastos para salir corriendo, de rescatar a sus mujeres del abuso de sus captores, de buscar a sus hijos involucrados en una guerra que no eran capaces de entender, es recibir un cheque, un albergue o una capacitación superficial y a todas luces inapropiada.  Estos mecanismos siguen generando dependencia económica y emocional, generan división al interior de las comunidades, premian al gestor local y no alivian a las verdaderas víctimas, que siguen buscando su lugar en un país que les ha dado la espalda.
¿Retorno y restitución de tierras? Qué garantías puede tener una víctima, acerca de que los victimarios, que nunca fueron derrotados (ni unos, ni otros) y ahora andan libres y son poderosos señores, no seguirán discriminándolos, señalándolos y atormentándolos de mil maneras. ¿Ya ha cambiado tanto el país como para haberlo olvidado todo?  No siempre las víctimas buscan la verdad, la recordación de hechos atroces y vergonzosos, no es para nada algo que se quiera rememorar y mucho menos frente a desconocidos.  La experiencia dolorosa y realizada con la sevicia de unos combatientes sin misericordia y que conscientemente hieren donde más duele, no se quiere revivir, repetirla, así sea oralmente, con frecuencia es revictimizar a quienes ya han sufrido más allá de lo imaginable.

La única gestión viable, en el manejo de víctimas,. es un programa nacional que se base en reconstruir la dignidad y recuperar la seguridad de los entornos en que viven las personas desplazadas, aquellas que desean regresar o las que quieren reubicarse.  Debemos reconocer en primer lugar la heterogeneidad de quienes han sido afectados por el conflicto, identificar sus falencias y sus capacidades,  explorar sus preferencias en materia de ubicación física y propósitos vitales, establecer sus necesidades capitales y encontrar los obstáculos para poder superar la falta de pertenencia en cada caso.  Solo con una atención que tenga en consideración estas variables permitirá realmente reconstituir el tejido social desde la base y darle vida a las localidades más azotadas por la violencia 

martes, 25 de octubre de 2016

Los enjambres y la incertidumbre política.


Por Hector Alfonso Otero Moreno
El comportamiento de la opinión pública colombiana, en un momento tan importante para la sociedad, como éste, en el que se debe decidir acerca de la senda y los métodos que se deberán aplicar a la resolución de conflictos en el futuro, recuerda el comportamiento de los enjambres sociales, que describe Zygmunt Bauman en su libro “Mundo Consumo”.  En efecto, los rumbos, los giros, las figuras y las tendencias que toman los individuos en la sociedad colombiana están menos marcados por conceptos e ideas claras acerca del futuro del país, que por “temas relevantes diferentes y siempre cambiantes, y atraídos por objetivos o blancos variables y en movimiento”.
Tan pronto surgen fuerzas vitales que exigen “la paz ya!”, como aparecen exigencias de “no a la impunidad”, ya se manifiesta la población  contra las FARC, o salen a la calle muchedumbres para que cese la guerra, se busca deslegitimar a ciertos negociadores y al final se pretende ser parte del equipo en La Habana,  se exige transparencia, pero se negocia a puerta cerrada y en secreto.  Dice Bauman: “la seductora fuerza de atracción que ejercen los objetivos cambiantes es, como regla, suficiente para coordinar los movimientos del enjambre”.  Lo cierto, es que esta incertidumbre y la incapacidad de predecir los comportamientos de la opinión colombiana, ni siquiera en el corto plazo, son materia que debería suscitar la reflexión de quienes guían la opinión pública
Los nuevos y viejos medios de comunicación deberían cuestionarse acerca de su poder y su efectividad.  Las redes sociales han demostrado ser poderosos medios para movilizar gente, no solo en nuestro país, sino también en lejanos territorios.  La “Primavera árabe” fue una experiencia inolvidable, que generó ilusiones y promesas, pero que al final se convirtió en un espejismo que no logró llevar a los países que se embarcaron en ella a buen puerto.  Las aventuras de “Ocuppy Wall Street”, “Democracia real, y otras acciones de jóvenes intelectuales y activistas reformadores, quedaron en registros históricos y referentes de movilización, pero sus resultados efectivos, fueron menos que notables.
La diferencia es que Colombia no se puede dar el lujo de fracasar en su empeño de construir un camino de paz y reconciliación, Estos grupos de soñadores fracasaron y el resultado fue que todo siguió igual o peor. En este país necesitamos cambiar la forma como se ha hecho política y se ha gobernado, así solo sea para que no allá más muertes, no para que sea un Estado justo, porque sabemos que de eso aún estamos muy distantes.  Pero, necesitamos entender el comportamiento de los enjambres.  Bauman señala que “En el caso de los seres humanos (unidades que sienten y piensan), el confort de enjambrar radica en la seguridad que les proporciona el número; la creencia de que la dirección de la acción debe de haber sido adecuadamente elegida cuando un número tan impresionantemente elevado de personas la están siguiendo”.
Por ello es importante que en este momento no se bajen las banderas, ni se acepten los alegatos, vengan de donde vinieren, acerca de “perfeccionar” los acuerdos.  Sabemos que son imperfectos y sabemos que tienen vacíos, pero lo importante es que se entienda el espíritu del documento.  No importa, si no se dice que le pasa a un guerrillero que va camino a un área de concentración, el espíritu es claro: hay que facilitarle la entrega de las armas.  Todo lo que conduzca a la paz, debe ser rodeado de condiciones para que aporte al proceso, así no este claramente especificado en los acuerdos.  Todos entendemos el espíritu: vamos a respetar a todos y cada uno de los colombianos y de los residentes y visitante de este país, partimos de la buena fe (que en ciertas ocasiones los enemigos de la paz invocan para sus intereses).  Dejemos atrás las leguleyadas, vengan de donde vengan, del Fuscal, del exprocurador, del expreidente o del excandidato.  La vida de los millones de colombianos que de manera directa o indirecta sufrimos la guerra es más importante que los cargos que ellos ostentan u ostentaron.
Hagamos que los enjambres aterricen.

(Los resaltados son citas del libro de Bauman “Mundo Consumo”)

lunes, 3 de octubre de 2016

Lo dicen los resultados electorales

Por Héctor Alfonso Otero Moreno

A veintidós millones de colombianos no les importa si hay guerra o no, si hay perdón u olvido, si se castiga o no a los violentos, si los niños del Chocó, del Guaviare o del Cauca se encuentran en medio del fuego.  Solo 6 millones y medio estaban dispuestos a pasar por encima de los terribles delitos de las FARC, para que la sociedad dejara de pagar los costos de la guerra, en términos de vidas de jóvenes, inseguridad en los campos e incertidumbre para la economía y la estabilidad social.  Otros seis millones y medio consideraban demasiado perdonar los delitos de la guerra y prefirieron el salto al vacío de continuar una negociación, sin saber si era viable tal proceso, sin tener certezas sobre el futuro del país y sin garantía de que el fuego de las armas se suspenda.
Definitivamente, esta es una sociedad indiferente: los esfuerzos por acabar con las manifestaciones de solidaridad entre los colombianos han dado sus frutos, todas las organizaciones populares y comunitarias han sido debilitadas y se ha creado una profunda desconfianza en el otro, en el vecino, en el colega, en el amigo.  El individualismo se ha ganado el corazón de la mayoría de los ciudadanos de este país, que si no ven réditos, preferiblemente monetarios, no se movilizan por nada.  Los propósitos altruistas y generosos, son tan solo una ridícula pretensión demagógica, que en el inconsciente debe estar también vinculada a un interés económico.  La sinceridad y la honestidad son comportamientos que solo conducen a que otros se aprovechen de quienes pretenden despojarse de unos intereses que solo pueden abandonarse si uno está loco.
Desde los años ochenta, a los jóvenes se los ha enseñado a “no dejarse”, a luchar por sobre todo, por tus propios intereses, sin darle oportunidad a sus iguales de aprovechar el esfuerzo individual que realizan.  “No dar papaya” es la consigna que predomina en una sociedad, en la que trabajar por lo social, por lo comunitario representa estar fuera de contexto, es desperdiciar las capacidades y los potenciales.  Lo importante, hemos dicho y hemos promovido, es diferenciarte, alejarte de quien pueda pretender aprovecharse de ti.  Sería lamentable que tu amigo, tu colega, tu par pase por encima aprovechando los eslabones que le has ayudado a subir.  Eso demuestra tu ingenuidad, tu falta de visión, tu falta de ser capaz de valorarte.  Si actúas de esa manera tú mismo eres el culpable de tu desgracia “¿quién le manda?”.

Los modelos a seguir son los mismos que han construido una nación de vivos, aquellos que la hacen y no pagan, los que se aprovechan del erario público, los que utilizan a los débiles para pasar por encima de todos, los que han impuesto un sistema de privilegios basado en puertas giratorias: favores van y favores vienen, los que arrojan la piedra y esconden la mano, los que sirven de áulicos de los poderosos, pero son capaces de traicionar por una buena recompensa.
Simplemente a veintidós millones de colombianos no les importa, que ésta sea la sociedad que nos gobierne, y en la cual van a crecer sus hijos, seguramente ya los están educando con los parámetros que les permitirán el éxito, en una sociedad que por estar pensando en la viveza y la avionada, no produce, no genera riqueza, no innova, no mira hacia adelante, sino se regodea con la última “tumbada” que le pegó al vecino, al tendero, al anciano, al muchachito.

La mala noticia, es que la economía cada vez crea menos valor, y así formemos a nuestros hijos para ser los vivos, cada vez va a haber menos para todos, cada vez la puja de los vivos va a ser más sucia, va a ser más cruel, más despiadada.  Y de esa forma nuestros hijos serán también más despiadados, más insensibles, más oportunistas y la sociedad colombiana será más aún una torre de babel, en la que nadie oye, nadie escucha y nadie se preocupa por el otro.
¿Será esta la sociedad que está buscando la mayoría?

martes, 9 de agosto de 2016

He decidido que el día del plebiscito no me voy a levantar.


Porque no acepto que la voluntad de diez representantes de nadie, modifiquen la Constitución que fue creada con dificultad, con participación de diversos actores políticos y sociales y que ha tenido tiempo de ser probada y hasta cuestionada en diferentes escenarios.  Es suficiente con que nuestros presidentes acomoden la Carta Magna a sus intereses políticos, e introduzcan alteraciones sustanciales al equilibrio de poderes, con que entreguemos la justicia a países extranjeros, con que el marco constitucional sirva para ampliar la desigualdad e impedir el desarrollo económico, limite las posibilidades y la iniciativa de los ciudadanos, con que los avances en la participación sean estrangulados por políticos y juristas, cuyo único interés es maximizar la utilidad y la cuota de poder burocrático, con que la salud y la educación de un pueblo estén en manos de mercaderes, que no están interesados en mejorar la calidad de vida de los sectores populares.

Porque ni el Gobierno Nacional, ni los negociadores de La Habana, ni la oposición radical al proceso de paz representan el pensamiento de quienes día a día construyen y defienden este país.  No existe por parte de estos actores del escenario político ninguna intención de superar las graves restricciones que existen para la democracia y la justicia en Colombia.  Más allá de proteger sus intereses y ocultar sus responsabilidad en la promoción de las peores enfermedades de la sociedad colombiana, los firmantes de los acuerdos, tanto como sus detractores, se limitan a posicionarse para una nueva repartición de poder que en nada va a beneficiar a la ciudadanía.  Las enfermedades que ellos han contribuido a extender por el país no son otras que la violencia generalizada, la evasión de responsabilidades, la falta de solidaridad y  de misericordia, el individualismo, la indiferencia y la falta respeto de los valores que esta tierra había construido, como el amor por la tierra, por los lazos familiares, por la decencia en el trato personal y muchos otros que ya ni reconoceríamos como propios, pues la falta de su práctica los ha convertido en elementos en desuso.

Porque ni las prácticas política del Gobierno, los negociadores ni las de la oposición me ilusionan con un futuro mejor.   Con cualquiera de ellos la corrupción seguirá arrebatando los recursos para la construcción de un país mejor, los poderosos se seguirán repartiendo el presupuesto y los puestos de dirección del Estado, la justicia seguirá maniatada, cercenada y parcial, las oportunidades seguirán pasando al lado, sin que la inteligencia y la recursividad  de los trabajadores puedan aprovecharlas, pues el Estado en lugar de incentivar la iniciativa la coarta, la entraba y la frustra.

Porque la paz no se puede construir a partir de unas declaraciones pretensiosas, sino con un trabajo permanente y disciplinado que cambie la orientación de la política, la economía y el espíritu de solidaridad.  Aún falta mucho para que los colombianos nos respetemos como ciudadanos, el trato que le damos a nuestros opositores e inclusive a nuestros familiares no permite ser optimista en el cambio de las costumbres arraigadas desde finales de los ochenta.  La cultura del más vivo, del oportunista, del engaño, de la mentira siguen siendo cotidianas en nuestra vida ciudadana, y las autoridades aprovechan este enfoque para apuntalarse en sus centros de poder.  Nada nos hace pensar que el callar de los disparos y las explosiones mejore nuestras relaciones como sociedad y conglomerado humano.  Tampoco habrá recursos financieros ni humanos para el cambio, pues la crisis del país y las orientaciones de la política internacional no ofrecen un horizonte despejado.

Definitivamente, ese día mejor me voy a dedicar a soñar con un mundo mejor.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Lo que nos enseñaron Carlos Castaño y Raúl Reyes


Por Héctor A. Otero

El proceso de transformación de los valores, en la sociedad colombiana tuvo dos componentes importantes, por un lado unos cambios en la subjetividad social, propiciados por alteraciones radicales en el enfoque que se daba al papel del Estado a nivel global, y por otro, unas condiciones objetivas favorables a la transformación de la actividad de los jóvenes y a la incorporación de los adultos a la vida social y de trabajo en todos sus aspectos: económico, social, educativo, ambiental y cultural.

En efecto, mientras avanzaban las ideas que consideraban al Estado como un obstáculo para el desarrollo a nivel mundial, el individualismo como forma de vida y el utilitarismo se convertían en guías de adaptación y camisas de fuerza para el acceso a ingresos decorosos.  Las condiciones para que los organismos financieros internacionales desembolsaran recursos para financiar la actividad del de los gobierno nacionales, eran que se redujera la extensión del Estado, eliminando empleo público, reduciendo las actividades de apoyo social, suprimiendo instituciones, acabando con subsidios y liquidando las regulaciones sobre la banca y el comercio internacional. Una campaña de desprestigio a las organizaciones populares hizo mella en la capacidad de sindicatos, asociaciones de usuarios campesinos, organizaciones sociales, estudiantiles y todo tipo de estructuras políticas, que se opusieran al proceso de limitaciones a la participación popular y la eliminación de derechos laborales.

Mientras el Estado se reducía, las empresas arrancaban a trabajar en la misma dirección, licenciamiento de trabajadores, contrataciones temporales, reducción de las nóminas, etc. Para el trabajador o estudiante recién egresado resultaba difícil encontrar trabajo, y si lo conseguía, era por periodos breves y en condiciones precarias en materia de prestaciones sociales.  La guerra que se desarrollaba principalmente en las zonas rurales apartadas, se fue extendiendo, y esa misma expansión llevó a empresarios rurales, ganaderos, corporaciones internacionales y militares a buscar nuevas formas de combatir la guerrilla.  El narcotráfico empezaba a dejar enormes ganancias a una nueva clase empresarial que se sentía también amenazada por las fuerzas irregulares.  La respuesta fue lentamente ganando adeptos, crear una contraguerrilla igual o más poderosa que la existente, que pudiera replicar las formas de combate de los subversivos y no someterse a vigilancia ni nacional ni extranjera.

Para construir esos ejércitos, era necesario capturar la atención de los jóvenes, a través del dinero, de las armas, del poder político, de la influencia regional, de la capacidad de destruir enemigos y de dejar atrás barreras morales, que no les permitían actuar a sus anchas.  En el proceso de consolidar estos dos ejércitos, sin control ni límites, se familiarizó a los jóvenes con las armas, con la posibilidad de hacer justicia con las propias manos, con destruir al que pensaba diferente.  Mientras la guerra acababa con las vidas de muchos jóvenes, que se atrevían a pensar por su cuenta, muchos otros aprendieron a manejar explosivos, armas de grueso calibre y técnicas de combate, que permitían atemorizar no solo al oponente, sino también a toda la población.  Las bombas colocadas en lugares públicos llevaron a que hasta la rumba se viera afectada, por las amenazas de los ejércitos irregulares.

Las estructuras familiares se fueron modificando y los núcleos domésticos explotaron, dejando a muchas mujeres al frente de hogares, que no estaban maduros para estos cambios.  Los adolecentes debieron salir a buscar empleo, para colaborar en el mantenimiento de los hogares.  Las responsabilidades se dispersaban, y para muchos las opciones de vincularse a grupos armados o combos delictivos no dejaban de ser posibilidades, que además resultaba bien pagadas, si bien representaban asumir riesgos muy altos.  El trabajo de los grupos armados fue propicio, en esas condiciones generales, para introducir principios de profundo individualismo y egoísmo, en los que se dejaban a un lado los lazos familiares y de amistad, para unirse a potentes organizaciones con mucho dinero y que reforzaban los comportamiento de luchar solos por su vida, no temerle a nada, no estar aferrados a obsoletos conceptos regionales, sociales o de gremio, y exponer sus vidas por vagos idearios revanchistas y de empoderamiento en la guerra, el armamentismo y en las ganancias rápidas.  El narcotráfico, la trata de personas, el secuestro, las desapariciones de oponentes, el asesinato por encargo, el chantaje y las vacunas, fueron todas actividades que se pusieron a la orden del día.  Mientras tanto el umbral de la resistencia de las familias a aceptar estas actividades de sus hijos bajaba, así como crecían las necesidades y el hambre.

La tarea de cambiar los idearios juveniles comunitarios, por bien remunerados cambios en la orientación de sus vidas, solo requería de una cosa: dinero. Por ello, no hubo reticencias a la posibilidad de practicar actividades como la vigilancia de cultivos ilícitos, el cobro de impuestos a laboratorios y comerciantes de drogas ilícitas, el secuestro, las amenazas a la vida, las vacunas y otras formas de conseguir ganancias que permitieran a los miembros de estas organizaciones armarse, contar con una logística apropiada e imponer sus leyes en vastas regiones del territorio nacional.

La palabra, que para los abuelos de estos muchachos era sagrada, se volvió tan solo un medio para relativizar la vida, y los sagaces dirigentes nos hicieron comprender, que no era lo mismo secuestro que retenciones, que las vacunas no debían confundirse con las contribuciones, que los asesinatos y masacres no eran otra cosa que ejecuciones….y así, los semiólogos Castaño y Reyes, nos hicieron entender, que la guerra no solo era legítima, sino que traía beneficios, que no se podían valorar si seguíamos pensando como nuestros abuelos.  La cultural del más vivo, del engaño, del dinero fácil, de arrimarse al palo que de mejor sombra, se impuso.  La violencia se extendió no solo a la guerra, sino también a la vida familiar y a la relaciones entre vecinos.  El dinero era rey y los dueños del gran dinero, los corruptos que se roban el patrimonio nacional, las mafias de los negocios ilícitos, los políticos que se reparten el presupuesto y los ideólogos de la oscuridad se reían y se felicitaban.  La Colombia del cambio de siglo estaba conformada.

viernes, 19 de febrero de 2016

Nos equivocamos


Por Héctor Otero

¿Por qué no decirlo? Si, quienes creímos que la vía armada no era el camino para transformar la sociedad, nos equivocamos de cabo a rabo.  No solo no pudimos cambiar nada, sino que las figuras que habrían podido aportar al cambio están o muertas o absorbidas por el sistema.  Mientras tanto, los que se aferraron a las armas y a “la combinación de formas de lucha” hoy están a punto de obtener indultos, después de haber pasado un periodo inolvidable en La Habana, de poder participar con privilegios en la política y burlarse de sus detractores, de recibir beneficios para trasladarse por todo el país en medios que no están ni siquiera a disposición de los ricos, de hacer borrón de su historial de asesinos y secuestradores a cuenta de que esos eran delitos conexos con la rebelión.

La izquierda es hoy blanco de las burlas de periodistas y políticos de derecha, para no hablar de los Procuradores y Defensores del Pueblo, por no haber sabido aprovechar las oportunidades que la política le dio.  Después de tener una tercera parte de la Constituyente del 91, pasamos a entregarle la cabeza de la oposición a una burócrata profesional, que ha sabido acercarse tanto a los Pastranas como a los Samperes y a los Uribes.  Mientras tanto los valientes ejércitos armados del pueblo, secuestran niños para hacerles lavado cerebral y mentirles acerca de la capacidad que tienen las armas para hacer justicia por mano propia, para abusar en todos los aspectos de los jóvenes al colocarlos como carne de cañón y material desechable, para convertirlos en sicarios y especialistas en destrucción.  Pero no solo eso, también para familiarizar a estos muchachos con cárceles y cadenas, que denigran del ser humano y obligarlos a convertirse en carceleros, que ante una huida o un ataque, tienen que ser capaces de asesinar a sangre fría.  Para convertir enormes áreas de cultivo en cementerios de minas personales, en los que se pone en riesgo la vida de miles de campesinos y soldados jóvenes o se los convierte en lisiados, llenos de dolor y rencor.

Esos dirigentes de la guerrilla, hoy pretenden que la ciudadanía olvide a los dirigentes regionales asesinados a sangre fría, a las víctimas inocente que con sus explosivos cayeron y están hoy muertas o inválidas producto de una guerra en la que las pérdidas colaterales éramos nosotros, miembros de familias humildes y gente trabajadora, a los campesinos y pequeños agricultores que debieron abandonar sus parcelas debido a que el conflicto cada vez que pasaba por su predios les amenazaba de una forma diferente, a los dirigentes políticos locales asesinados por unos u otros en un conflicto en el que los que no estaban armados no podían opinar.

Si, nos equivocamos, ese era el precio que era necesario pagar para conseguir una sociedad más justa.  Una en la que los asesinos no paguen por sus culpas, los secuestradores no vayan a la cárcel, los narcotraficantes no reconozcan el enorme mal que le han hecho a los jóvenes al convertirlos en sicarios, secuestradores y abusadores.  Una en la que los jóvenes sigan el ejemplo de los dirigentes que hoy tienen privilegios en hoteles y centro de convenciones de La Habana, pero también para desplazarse a gusto por el país demostrando como su decisión de defender las armas se justificó.  Un joven con un arma al hombro termina por ser, un activista político más convincente, que un joven preocupado por la inequidad de la sociedad o los bajos salarios de los trabajadores del país.

Nos ganaron, y es necesario reconocerlo en estos momentos en que el país entra en un periodo crítico, cuando los precios de las principales exportaciones del país han caído, cuando el ahorro que había realizado el país en forma de inversiones de largo plazo, son elefantes blancos que poco pueden aportar al desarrollo económico, al empleo y a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos colombianos.  Después de haber acabado con la política agraria e industrial y haber abandonado el sector productivo por casi treinta años, ahora nos encontramos ante una reducción de los ingresos nacionales, mientras dependemos cada vez mas de los proveedores extranjeros para nuestra alimentación y la satisfacción de necesidades básicas.

Y mientras tanto, la corrupción sigue galopante, se roban o les regalan, a cambio de migajas, las inversiones que el país ha realizado por largos periodos, y de las cuales dependemos para el suministro de servicios básicos (Ecopetrol, Isagén, la banca, las empresas prestadoras de servicios de salud, etc.); se roban hasta la comida de los niños, los medicamentos de las entidades prestadoras de servicios de salud, convierten a los centros educativos en empresas de venta de títulos al por mayor, a los deportistas los tranzan en mercados, que ellos no entienden cómo funcionan, y que sirven para el enriquecimiento ilícito de los dirigentes deportivos nacionales y extranjeros.

Estos temas no son relevante para los negociadores de La Habana, sus preocupaciones apuntan a la impunidad y el desconocimiento de las realidades de una guerra en la que las principales víctimas no fueron los actores armados, sino los habitantes de las zonas afectadas por el conflicto, en especial los más jóvenes, y en las que los umbrales de la moral, del respeto, de la justicia, del trabajo digno fueron modificados y afectaron las visiones del mundo de los muchachos en formación.  Se impuso la filosofía del más vivo, del más agresivo, del mejor armado, del matoneo, del arrebato, del más rico……

Bueno, eso nos ha quedado, y ahora, después de nuestra derrota, encontramos que nuestra ética, nuestro respeto, nuestro enfoque político, nuestras metas, nuestros sueños……. ya no tienen validez.  Ahora si toco reeducarnos.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Una educación superficial y fugaz para el consumo

Por Héctor Alfonso Otero
El papel de la educación en una sociedad del consumo es bien diferente al que tuvo esta actividad durante la industrialización.  En el período en que se desarrollaron las grandes factorías se requirió un gran esfuerzo de educación masiva en temas como alfabetización y matemáticas básicas.  Los operarios debían ser capaces de poner en ejecución labores simples y repetitivas, que debían coordinarse y organizarse con instrucciones claras y específicas.  Para ello era necesario que el trabajador pudiera leer y escribir. También debía conocer y desenvolverse con magnitudes y conteo de operaciones, por ello la sociedad diseño sistemas educativos que garantizaban que numerosos individuos fueran capacitados, y se les dotó con una base de conocimientos similar a todos, de forma que sus trabajos pudieran ser integrados, recibieran retroalimentación y de esa manera coordinar sus actividades y , por último que su trabajo pudiera ser evaluado y de asi poder conocer la  eficiencia con que se desempeñaban los trabajadores durante todo el proceso.  Al cumplir esta condiciones  el administrador de los negocios lograba que el trabajo se reflejara en sinergias, y que tuviera efectos acumulativos, que le permitieran apropiarse el valor generado en cada etapa del proceso.
Con la desaparición de las líneas de producción, que involucraba individuos a cargo de las diferentes etapas del proceso, esta necesidad de formación masiva ha perdido importancia y, por la misma razón, la educación como elemento para la vinculación de mano de obra a los procesos productivos ha dejado de ser relevante.  Desde este punto de vista una sociedad moderna no debería estar tan preocupada por formar cuadros para la producción, sino para el consumo, como los señala Zygmunt Bauman.  Los procesos de automatización y robotización han permitido reducir las necesidades de mano de obra asociada a los procesos, y por lo mismo, se genera mucho menos empleo en la producción, y más en los servicios.
Pero las  demandas de trabajo en el sector servicios, en un periodo en el que la vida útil de los productos se ha vuelto tan corta, requieren un tipo de capacitación diferente, que no está relacionada con el conocimiento de bases técnicas, ni de adaptación a los procesos, sino mas bien con la operación de sistemas y el manejo de interfases entre diferentes procesos automatizados.   Cada vez se necesitan más operarios que instruyan al cliente acerca de cómo operar los productos, que trabajadores que construyan esos mismos equipos.  Ilustrar esto será fácil con solo entrar a cualquier centro de servicios de telefonía móvil, son muchos más quienes atienden a usuarios resolviendo dudas acerca del manejo de sus equipos o promoviendo las ventas o administrando  los inventarios, que quienes trabajan en las producción de los equipos o el diseño de la infraestructura operativa de los sistemas.
El conocimiento de estos trabajadores es tan fugaz como los productos que promueven, a medida que los modelos o las tecnologías evolucionan, es necesario aprender los nuevos sistemas, y esta tarea solo la pueden realizar las propias empresas que han introducido las innovaciones.  En este sentido la educación también tiene el mismo carácter pasajero que los productos.  Los puestos de trabajo son también ocupaciones temporales, en las que los trabajadores no permanecen mucho  tiempo.  Gracias a que existe una inmensa masa de jóvenes dispuestos a trabajar por un salario muy bajo, las empresas no tienen dificultad en reemplazar con frecuencia a quienes empiezan a acumular carga laboral y a ser un pasivo para la empresa.
En este sentido la educación pública y todo el sistema de estímulos alrededor de la educación se torna innecesario desde el punto de vista del empresario. Se considera indispensable la educación básica, que acondiciona al individuo al consumo: la educación básica sigue siendo importante, por cuanto, una precondición del consumidor,  es la necesaria para tener capacidad para entender las instrucciones de los aparatos que va a operar, sin necesidad de entender muy bien cómo funcionan.  Lo importante es lograr el objetivo, generar mayores necesidades en el consumidor.
Hoy pocos comprenden cómo funciona un computador o un teléfono celular, pero todos los utilizan.  Los usuarios logran comunicarse con distantes rincones, pero no saben bien cómo llega la señal hasta esos confines.  El computador es solo una máquina capaz de hacer muchas operaciones repetidas una y otra vez, el celular se sirve de una red de repetidoras que cubren el área de comunicaciones y los juegos de video son remixs de trucos cibernéticos con formas diversas.  Por ello la esencia de la modernidad es la repetición, y en especial la repetición de la compra, mientras tengamos una mínima educación y contemos con una fuente de ingresos podemos ser consumidores, y para estar activos debemos estar “al día”, saber cuál es el último juego, el modelo más reciente de celular, el computador más rápido, de manera que podamos cada vez recibir más ofertas, de cosas que el mercado nos indica que debemos comprar, independiente de las necesidades reales de cada quién.  Es tan importante tener el último celular con alta resolución de las imágenes, para el portero del edificio como para el dueño del casino.
Fue necesario durante mucho tiempo tener buena memoria para poder resolver muchos asuntos, sin embargo hoy no necesitamos almacenar tanto en nuestro cerebro, pues con solo consultar en la red podemos encontrar el remedio, la receta o la respuesta para cualquier inquietud.  Por lo tanto esa educación, que obligaba a conocer al detalle el cuerpo humano con todas sus interrelaciones para poder ejercer como médico, ya no es tan importante, tampoco es importante para un físico, matemático o economista recordar formulas: al toque de un dispositivo (ratón) las tiene, las fechas de la historia se pueden ver mejor en gráficos virtuales, que muestran la simultaneidad y similitudes de diferentes épocas.
Por tanto, ahora es más importante tener dinero para comprar un buen disco duro, que recordar lo que antes se llamaba conocimiento.  Por lo mismo el carácter de la educación ha cambiado de manera drástica, la memorización y la repetición dejaron de ser una alternativa y cada vez surge mas la necesidad de que el estudiante sea capaz de integrar la información disponible en la red, para realizar análisis y poder tener un conocimiento menos acumulativo y mas integral, mas explicativo, tendiente a aprehender la realidad en su complejidad y multiplicidad.  Las experiencias de otras regiones van marcando la propia realidad local, la primavera árabe es un ejemplo de cómo “una chispa puede incendiar la pradera”, las expresiones juveniles como “ocupen Wall Street”, los Indignados en Europa y las rebeldes chicas de “Pussy Riot” en Rusia son solo ejemplos de la capacidad de trascender que tienen las movilizaciones hoy en día.
El parroquialismo y el aislamiento local son cosas del pasado, la integración cultural e informativa avanza, a pesar de los intereses de la gran prensa que sigue tratando de manipular la opinión pública a través de información sesgada, verdades a medias y franca desinformación.  Sin embargo, el que quiera escuchar o mirar lo puede hacer.  Es cierto que siempre se trata de limitar la información gratuita en la red, de ponerle frenos a ciertos tipos de fuentes de información y de veladas amenazas, que aseguran que quienes entran a determinadas páginas pueden entrar a formar parte de las listas de los organismos de Estado y ser procesados.  De todas formas vamos a estar en esas listas y cada día las autoridades cuentan con más herramientas para violar nuestra intimidad.  Las listas de suscriptores se venden, se piratean, se compran, se distribuyen, se divulgan, pero el secreto de la modernidad es que nadie es capaz de manejar toda esa información, ni los sistemas más sofisticados lo pueden hacer.  En ese sentido la libertad en la red, con el aumento de información, es la vacuna contra la pérdida de individualidad.
Esa abundancia de datos y registros, de fuentes y de teorías, es el potencial con el que debe trabajar la educación, ya no vista como un simple elemento de formación para la producción, sino como una base para comprender la realidad y para disfrutar lo que nos ofrece esta diversa, compleja e inabarcable modernidad.  Es poder moverse con confianza y sin complejos en una cantidad de información, que siempre que se haga a consciencia va a ser particular y única.  El enfoque particular que cada quién le da a sus pequeñas investigaciones conduce a muchas respuestas que, si sabemos intercambiarlas, nos podrán enriquecer.
El problema es que no todos estamos preparados para emprender ese recorrido solos.   Como con tantas otras responsabilidades que se han cargado sobre los individuos del consumo, la formación integral tiende a ser tarea individual, los profesores, tutores o guías han perdido el tradicional respeto que existía en la escuela tradicional y los ardides para burlar la vigilancia encomendada a los maestros es cada vez más frecuente.  El orientador, así quiera ser otra cosa, tan solo es un encargado del orden.  Debe servir mas para mantener al joven trabajando, que para proporcionarle información u orientación.  Los muchachos con intereses más concretos y que tienen objetivos claros, pronto encontraran su forma de hacer sus tareas, las que ellos se imponen, no las que les imponen los “profesores”.   Pero la gran mayoría de los estudiantes no tienen un norte definido y en ese deambular por la caótica y múltiple información existente, se perderán y van a terminar frustrados y desmoralizados.  Presas fáciles de líderes inciertos, que pueden convertir al desorientado en ficha de un engranaje para sacar partido para los más fuertes.
La escasa demanda de trabajo calificado que caracteriza al sector productivo de la sociedad del consumo, lleva a que solo algunos privilegiados encuentren espacio en los trabajos del sector productivo y en la industria de punta.  La mayor parte de los trabajadores deben buscar ocupación en negocios pequeños microempresas o empresas de intermediación laboral, pues los empresarios tratan cada vez de comprometerse menos con obligaciones que  representen lazos fuertes con sus operarios.
Por otra parte, el desarrollo de nuevos productos está cada vez más concentrado en las multinacionales y grandes corporaciones, que protegen sus avances científicos y tecnológicos con un sistema de patentes que limita las posibilidades de construir ciencia sobre los descubrimientos ya logrados.  El conocimiento se privatiza y la complejidad de los avances hace que solo los grandes capitales, que pueden financiar laboratorios y centros de investigación, mantener a los científicos mas destacados, controlar la información que se maneja hacia afuera de la empresa, decidir qué descubrimientos son interesantes en lo comercial y cuáles deben mantenerse bajo llave hasta que sea el momento de sacarle provechos económico.  La investigación y el conocimiento de avanzada terminan en manos de muy pocos, todos ligados al gran capital.
Por eso las carreras o profesiones liberales que se miraban con respeto y representaban opciones de estabilidad y seguridad, hoy han perdido importancia para los ciudadanos del consumo.  La sobreoferta de ingenieros, economistas, médicos, abogados y otros profesionales, ha presionado los salarios a la baja e inclusive muchos de ellos están sobrecalificados para las tareas que les son asignadas.  El título por sí mismo no abre puertas, por el contrario no tenerlo si las cierra.  Pero por lo mismo, la educación formal se convirtió en un requisito, y no en una fuente de conocimiento.  Entre los estudiantes existe una displicencia y desprecio por la teoría y la trascendencia, lo que interesa ahora son formulas simples que lleven a resultados seguros.  Nada más alejado de lo que debe ser la ciencia: el reto de enfrentar lo desconocido y encontrar explicaciones, ha sido sustituido por un afán por obtener los títulos.  El mejor no es el que domina la disciplina, sino el que menos esfuerzos realiza para obtener su diploma.  Tal como los héroes de la modernidad son aquellos que rápidamente ascienden en la escala social, los estudiantes se sienten orgullosos de haber podido burlar las trabas que impone la academia de forma rápida y ágil.  El conocimiento es algo secundario.
La educación va perdiendo su carácter universal en un doble sentido, por un lado solo se necesitan unos pocos científicos y desarrolladores de tecnología, no es necesaria formar a tantas personas en los tópicos que permiten avanzar tecnológicamente, solo deben ser unos pocos y sobre ellos es indispensable tener control.  Las mayorías solo necesitan una educación media, que les permita consumir y sentirse satisfechos con los productos que van saliendo al mercado, y que les dan la sensación de estar a la vanguardia.  Sin embargo, esos consumidores, después de haber hecho las colas para comprar su último modelo,  llegan a casa y descubren que ya están anunciando el modelo siguiente que va a aparecer.  La obsolescencia de los productos es rápida e inexorable.  La educación para el consumo no demanda gran conocimiento ni altos niveles culturales
Pero en otro sentido la educación también pierde universalidad: el desconocimiento del diferente, del otro, limita el crecimiento integral de los individuos y al estar los individuos cada vez más solos en el mundo, y con tantas responsabilidades encima, terminan por desconfiar de todo lo que no les es conocido.  Los mundos limitados en que vive el consumidor, que además se complementan de manera ideal con aparatos con los que el individuo se va aislando de su entorno, va generando barreras y el individuo empieza  a encontrar sentido solo en lo que logra dominar: su computador, su celular, su automóvil, sus electrodomésticos.  La aparición de extraños se convierte en un inconveniente, la desconfianza hacia el que tiene otra experiencia y otra forma de ver el mundo va en aumento, y por lo tanto de ese diferente es muy poco lo que el consumidor  considera que puede aprender.
Las estructuras institucionales y familiares que establecían autoridad a ciertos individuos cada vez son más cuestionadas.  El sacerdote, el padre de familia, el policía, el profesor, el juez, el árbitro, todos son personajes que se cuestionan en cuanto su capacidad para guiar.  La admiración de los consumidores, no está en el más esforzado, experimentado o trabajador, sino en el que llega rápido a sus objetivos de consumo.  La admiración es para el jugador de futbol, que logra comprar el carro deportivo de moda, es para el artista que a través de extravagancias logra ganar millones, es para el corredor de bolsa que tras un golpe de suerte, una trampa  o una jugada astuta obtiene ganancias multimillonarias.  Los héroes  dejan de ser los que se sacrifican y sufren, ellos son despreciados; los que logran pasar por encima de sus compañeros y convertirse en triunfadores y modelos de vida, ellos son el nuevo paradigma de la modernidad.
Pero esos nuevos protagonistas no tienen en las mentes populares una permanencia, los modelos de ayer han caído en desgracia y los que están vigentes hoy en muy pocos días caerán.  La ausencia de verdaderos modelos de vida a seguir, contribuye a que el individuo tampoco logre construir una imagen sólida que le proporcione autoestima y razón de vivir.  La depresión y la inestabilidad emocional son realidades con las que los ciudadanos de la modernidad deben convivir.
Esa ausencia de referentes en la formación de los jóvenes y la fugacidad de las figuras públicas son la otra cara del nuevo paradigma para la educación. Los que llegaron a ser modelos de vida en otras épocas ya se consideran superados por los cambios en las condiciones sociales y económicas que caracterizan la nueva sociedad.  Los nuevos paradigmas se encuentran en los realities y las competencias deportivas, en las que los modelos son jóvenes que se someten a vejámenes y malos tratos, solo para tener  el título, asociado a un premio monetario.  Estos héroes modernos también tienen un reinado breve.  La nueva competencia ya se prepara y las cualidades del anterior triunfador son los defectos en el nuevo concurso.
Como los trabajos son fugaces, también la educación de calidad pierde vigencia, la velocidad de las innovaciones y la inmensa oferta de productos hacen que la educación deba ser permanente y superficial.  Nadie se puede declarar formado.  La actualización constante es una necesidad y una oportunidad.  Pero la profundidad no es la característica de este tipo de formación.  La profesionalización a nivel masivo ha perdido sentido y quienes controlan los mercados no están dispuestos a ceder las nuevas oportunidades de trabajo, por lo que la gran mayoría debe oscilar entre trabajos diversos, que no justifican la dedicación a una sola área disciplinar.
Las disciplinas académicas que fueron necesarias para que la humanidad pudiera consolidar la industrialización y la creación de maquinaria y equipos cada vez más sofisticados, ya no son necesarias.  Los nuevos trabajadores de la alta tecnología combinan conocimientos de diversa índole e integran disciplinas y métodos muy diversos, pero para la mayoría de trabajadores que se desenvuelven en pequeñas y medianas empresas, es perentorio tener una variedad de opciones que les permita saltar de un trabajo a otro, siempre con énfasis diferentes.  La especialización pasó hace rato por sus mejores épocas.  La sociedad del consumo no demanda conocimientos de ese tipo, sino tan solo una base mínima que garantice un ingreso y unos conocimientos generales que le permitan comprar y consumir.  El consumo es también momentáneo: con la decisión de compra se cierra el ciclo y se inicia uno nuevo.  La satisfacción de la necesidad es secundaria, lo relevante es poder satisfacer el deseo y la posesión culmina con un objeto que en ese mismo momento empieza a perder importancia para la sociedad de consumo.  La obsolescencia de los productos comienza con la salida del centro de distribución y en ese mismo momento el producto empieza a perder valor.  El consumidor en ese mismo instante empieza a soñar con el remplazo del producto que acaba de adquirir.

Estos nuevos dilemas de la educación plantean reformas fundamentales en la forma como se aborda el proceso educativo y en consecuencia también cambios en los contenidos.  Es necesario redefinir los objetivos de los diferentes niveles de educación, pensando en formas de guiar al educando, o debiéramos decir al “autoformador”, en su ruta por construir su futuro a partir de la solución de problemas planteados desde las inquietudes personales y colectivas, que puedan responder a necesidades comunitarias y sociales y menos a las demandas económicas del sistema.  Seguiremos reflexionando en esta dirección.  ¿Participan?